Rafa Lozano

“Hijo agradecido, esposo enamorado, padre juguetón y coleccionista de amigos. Ese soy yo. Vine al mundo -sin invitación- en 1969; quizás por eso llevo en la sangre la defensa de la Vida. Siempre estuve en las cosas de Dios, pero no en el Dios de las cosas; hasta que descubrí que ser cristiano, como dice BXVI, consiste en un encuentro personal con Cristo. A mí me sucedió en 2006 en Medjugorje, donde además descubrí mi sitio en la Iglesia: la Obra Guadalupana, una obra naciente cuya espiritualidad eucarístico-mariana alimenta el apostolado de la Familia, guiado por las enseñanzas de Juan Pablo II. Como mi vocación frustrada es la de maestro y me apasiona la formación, siempre que puedo me dedico a hablar sobre las cosas buenas que he aprendido de otros. Desde la Fundación Tepeyac, trato de ayudar a cada persona en el apasionante reto de descubrir quién es. A ratos, escribo, tratando de hacer bueno el dicho de que las mejores cosas de la vida, no son cosas.” (Rafa Lozano)

 

Así es como se definía en su blog: con sencillez, con humildad, con visión y con la grandeza del que sabe que su vocación en esta vida terrena es realizar la Voluntad de Dios, así era Rafa.

El pasado 5 de septiembre, Rafa partió hacia la Casa del Padre, su ausencia nos embarga el corazón, puesto que cuanto más grande ha sido su presencia en nuestra vida, mayor es el vacío que nos ha dejado, entre los que hemos tenido el enorme privilegio de que se cruzara en nuestro camino ese tipo tan especial, llamado Rafa Lozano.

Como sabéis, la pasión de Rafa fue la de entregarse a los demás en cuerpo y alma, sin descanso, y, en concreto, la de dedicar su vida a las familias, como el verdadero cauce de la vida y del amor de este mundo. En estos tiempos en los que la institución familiar está siendo tan castigada, él quiso dedicar su vida a ayudar a las familias más necesitadas. Rafa tenía la firme convicción que la familia es la célula básica de la sociedad y que, si ésta enferma o se resquebraja, la sociedad entera queda dañada en su raíz.

Para articular esta labor tan necesaria, Rafa creó esta fundación, con el fin de asistir a las personas más desfavorecidas, especialmente a las familias más destruidas, a los jóvenes con situaciones de exclusión o desarraigo, a las mujeres en situación de conflicto por causa de su embarazo y a la población inmigrante. Adicionalmente mediante la promoción de los valores familiares, la formación de jóvenes y el fomento del voluntariado familiar, la fundación pretende proveer a los jóvenes y las familias con las herramientas necesarias para construirse como personas y cómo familias.

A muchos de nosotros la labor de Rafa nos ha marcado profundamente, no sólo porque nos ha llevado a Jesús a través de acercarnos a la Virgen María, sino también porque nos ha ayudado a descubrir quien somos. Rafa nos deja un testimonio inolvidable de amor, de autenticidad, de paz y de alegría… como marido, padre, hijo, amigo, activista próvida, orientador familiar… como un hermano en Cristo.

No podemos dejar de considerar que es un deber de justicia para con Rafa el que nosotros nos comprometamos en la tarea de dar continuidad a lo que él inició, conocedores del bien que ha hecho a tantas personas. Si nosotros no lo hacemos, que somos sus amigos, que hemos recibido tanto de Rafa ¿quién lo hará?

En este sentido, en cuanto a esta fundación que articula el legado de Rafa, caben destacar dos hechos significativos que recogen todo este sentir: por un lado, se ha tomado la decisión de renombrar la fundación como Fundación Rafa Lozano – Tepeyac, y segundo y más relevante aún, es el hecho de que Lola, su mujer, ha decidido dedicar desde ahora su vida, profesionalmente, a esta Fundación, como orientadora familiar.

Desde la Fundación, queremos ser fieles al espíritu de Rafa, para hacer realidad este proyecto soñador, divertido, ambicioso, que no se va a amilanar ante la magnitud de la tarea. Por eso, si os sentís llamados a ello, os ofrecemos participar en este proyecto tan ilusionante, aportando vuestra ayuda en la forma y medida en que os sea posible. Las necesidades son inmensas, la tarea inconmensurable. Vuestra aportación es imprescindible; toda ayuda es una bendición.

Confiando en vosotros para poder hacer realidad este sueño, el sueño de Rafa, y agradeciendo sinceramente de antemano vuestra generosidad, os enviamos un abrazo fuerte.

 

Fundación Rafa Lozano – Tepeyac

 

 

Notas de Prensa

 

o_1aaoo14ejqa6ouh1s6f39gvga